Monseñor Nicolau.- Respeto a la vida

Los cambios recientes en la ley de Texas concernientes al aborto han hecho que se polarice aún más la sociedad al considerar los aspectos éticos y morales de ese procedimiento, así como de los últimos tratamientos para ayudar a la concepción.

La posición de la Iglesia en cuanto a la interrupción de un embarazo es tajante: la vida comienza al momento de la concepción y nada justifica el asesinato de un bebe en el vientre de su madre.

En cuanto a la reproducción asistida por medio de la inseminación artificial, los bancos de esperma, los vientres alquilados, y todas las nuevas modalidades de reproducción, la opinión de la Iglesia también es clara: no lo acepta.

Y ahora que han pasado casi treinta años de las primeras inseminaciones artificiales, son los jóvenes nacidos de tales procesos los que dan la noticia en cuanto a su inconformidad de no saber quien fue su progenitor.

Muchos jóvenes se sienten frustrados por solamente conocer la descripción general del donador, esto es saben su color de pelo, ojos, estatura, nivel de escolaridad al momento en que hizo la donación, y en algunos casos información médica básica acerca de las enfermedades que ha padecido o que se han presentado en su familia. Incluso se está planteando en las cortes qué derecho tienen estos jóvenes a demandar para conocer a los donantes.

Hay estudios que les han dado seguimiento al desarrollo psicológico de los jóvenes producto de inseminaciones artificiales y encuentran que muchos son propensos a depresión, pues el conflicto de no saber la mitad de su historia genética, el enfrentar el desdén de su progenitor, los hace sentirse rechazados, aun cuando las madres que los criaron les hayan dado todo su amor.

Algunos jóvenes corren con “suerte” al averiguar quién fue el donante, piden tener contacto con él y logran tener un encuentro frente a frente, muchas veces para desilusionarse, pues esa persona no llena sus expectativas, en el mejor de los casos establecen contacto pero el donador tiene una vida, esposa e hijos propios, y no desea incorporar a un “extraño”, a su familia, aun y cuando este sea genéticamente su hijo.

Hasta ahora, solo en Europa se han prohibido las donaciones anónimas, y en nuestro país solo en algunos estados se está contemplando esa idea, pero legalmente tiene más peso el derecho del donante a permanecer anónimo, que el derecho que tendrá un ser que aun no ha sido concebido, de saber en un futuro de la identidad de su progenitor.

Todos estos conflictos del ser son los que contempló la Iglesia para no aprobar todas éstas técnicas de reproducción artificial desde que iniciaron, y ahora el tiempo le da la razón, pues el paso que dio la ciencia para manipular la procreación artificialmente fue científicamente exitoso, pero moralmente deja mucho que desear, ya que no tiene respuestas para quien nace de dichos procesos, y esos seres tienen todo el derecho de querer ser como todos los demás.

¡Vive un día a la vez!…ignite the moment!…y recuerda que Dios te ama y yo también.

Mons. Juan Nicolau Mesquida