Por MATT WILSON Redacción

Jake Cortez era un mago musical. El músico nacido en Weslaco, que murió el miércoles, encantaría al público en los bares y restaurantes del Valle del Río Grande, lanzando un hechizo con su maltrecha guitarra clásica de cuerdas de nailon. 

Los comensales dejaban de comer y de hablar para mirar mientras Cortez rasgaba las cuerdas con las uñas. Nunca usó una púa; sus amigos le llamaron a sus distintivas uñas postizas sus “garras”.

Esos comensales seguían mirando mientras Cortez entonaba un bolero español o una canción popular mexicana, con los dedos volando increíblemente rápidos arriba y abajo de los trastes. 

El hechizo de Cortez transformaría pequeños bares de McAllen en tabernas andaluzas, mientras cantaba sobre el amor, el desamor y la pasión, tocando como un gitano de hace 200 años. Y luego Cortez se divertiría un poco. Lanzaba un riff que no encajaba, masajeando sin problemas las notas de otra canción en la que estaba tocando, el tipo de truco que maravillaba a los músicos de la multitud. Él reducía el ritmo de una nueva canción, pasando de tocar tan rápido que sonaba como tres hombres tocando a la vez a ir lo más lento posible físicamente, aprovechando cada gramo de significado de cada vibración de su guitarra.

Cortez mezclaba otros géneros, interpretando a B.B. King o los Beatles o incluso Madonna, convirtiendo cada una de esas canciones en la suya propia.

La muerte de Cortez, de 44 años, deja un vacío en la comunidad musical del Valle. Esa comunidad perdió a uno de sus miembros más talentosos, pero también perdió a uno de sus miembros más queridos que deja un legado de generosidad y amabilidad.

Mark Cavazos, otro músico local, conoció a Cortez hace 20 años en Pepe’s on the River.

Cortez tomó a Cavazos bajo su protección, desglosando canciones y letras para él, y enseñándole la teoría detrás de la música que tocaban. Cortez haría eso por cualquiera que quisiera aprender, transmitiendo tanto de su talento como pudiera. También daría otras cosas: amplificadores, cejillas para cuerdas, lo que fuera necesario para pasar un espectáculo.

Cortéz cubriría una presentación para ti si surgiera algo y no pudieras asistir. Nunca parecía extrañar el suyo y rara vez se tomaba descansos mientras tocaba.