CARRIERE, Mississippi — Sentado en la orilla de una piscina con su esposa y sus dos hijas, Rhett Shafette dijo que ya recibió el mejor regalo del Día del Padre. Su hija de 12 años crece sana, ocho meses después de haber recibido una parte del hígado de él.

La menor recibió el trasplante después de casi perder la vida por una hemorragia interna.
“Estuvo muy cerca”, dijo Rhett. Su hija Cecilia, de 11 años en aquel momento, había pasado años de frustración en la lista de trasplantes y dos veces fue llamada para ser receptora de segunda opción, sólo para ser devuelta a casa, desilusionada.

Después de un sangrado casi letal que Cecilia sufrió el año pasado, la familia decidió considerar un trasplante parcial de un donante vivo. No tuvieron que buscar muy lejos: las pruebas y análisis revelaron que el hígado de Rhett era una coincidencia ideal.

Unas semanas después, ambos fueron preparados para la cirugía. “Fue un regalo del cielo”, dijo Rhett. “Es la única forma de explicarlo”.

Cecilia, segunda desde la derecha, posa para un retrato familiar con su padre Rhett, su hermana Lydia y su madre Angelle en su casa en Carrie, Mississippi.

Desde que nació, Cecilia sufría de atresia biliar, cuando hay un infradesarrollo en las vías biliares del hígado que evita que el órgano se desarrolle adecuadamente. Es uno de los motivos principales por el que los menores en Estados Unidos necesitan trasplantes de hígado, dijo John Seal, uno de los cirujanos del equipo de trasplante de la familia en el Hospital Infantil Ochsner en Nueva Orleans.

Tener un padre biológico como donante vivo ayuda en cuanto a la inmunidad, pues reduce la posibilidad de rechazo del órgano, pero algunos menores que esperan trasplantes están en familias de acogida temporal o en situaciones en donde un padre biológico no está disponible o no está dispuesto a donar. Así que ahora hay un movimiento entre cirujanos y programas pediátricos en el país para fomentar más la donación anónima entre personas vivas, dijo Seal.
Se ha descubierto que los órganos de los donantes vivos son superiores en calidad que aquellos extraídos de donantes muertos, comentó. Adicionalmente, como el hígado se regenera rápidamente, los menores y adultos jóvenes sólo suelen necesitar una parte del hígado de un donante sano. Tanto receptor como donante pueden anticipar que sus hígados regresarán a tamaño normal en cuestión de pocos meses o un año, agregó Seal.
“Ningún niño debe morir esperando un hígado”, añadió. “El mayor riesgo es ese tiempo de espera para recibir un órgano y ese tiempo de espera es cada vez más largo en todo el país”.

Los donantes vivos posibilitaron 491 de los 8.906 trasplantes de hígado realizados en Estados Unidos el año pasado, según la United Network for Organ Sharing (UNOS), el organismo que administra el proceso de obtención y trasplante del país.

Más de 500 de los trasplantes de hígado del año pasado se realizaron en menores, pero sólo 66 fueron de donantes vivos. Adicionalmente, de esos, sólo 22 donantes fueron el padre biológico del menor, según UNOS.

“Todavía no tenemos suficientes donantes de calidad para atender a todos los niños en la lista de espera”, comentó Seal.

Más de 300 niños siguen en la lista de espera para un trasplante de hígado en Estados Unidos, junto con los más de 11.500 adultos, según UNOS.

La madre de Cecilia, Angelle, describió el día del trasplante como uno largo, agotador, estresante y emotivo, pero, al final, uno que valió la pena.

Ocho meses después, Rhett dice que se siente increíble. Regresó al trabajo y disfruta sus pasatiempos favoritos: cazar y pescar. Dijo que está “ansioso de verla desarrollarse al máximo ahora que nada la detiene”.

Él y Angelle sonreían y reían mientras veían a Cecilia, ahora de 12 años, jugar con su hermana menor, Lydia. Las niñas también practicaban algunos pasos de baile y Cecilia presumía sus saltos y giros.

Antes del trasplante, tanta actividad habría fatigado y estresado su cuerpo, en ocasiones provocándole dolor, incomodidad o enfermedad.

“Tengo mucha más energía y no me siento mal, para nada”, dijo Cecilia. Agregó que han pasado cinco meses desde su última visita al hospital. “En general, simplemente me siento mejor”, comentó.

Sus padres también ven cómo mejora.

“No nos despierta a mitad de la noche para decirnos que siente náuseas o que no se siente bien”, dijo Angelle. “Ahora es más como una niña normal”.

Cecilia sabe lo afortunada que es gracias al amor y la generosidad de su padre.
“Tengo mucha suerte y estoy agradecida de que pudiera hacer esto por mí”, comentó. “Tengo un papá increíble. Siempre ha sido mi héroe”.