Por ELSA CAVAZOS
Redacción

SAN BENITO — La familia Galván es numerosa y conocida por tener reuniones donde la mayoría de los miembros de la familia interactúan. Pero debido a COVID-19, las interacciones típicas se limitaron a videollamadas, mensajes de texto y llamadas telefónicas.

Sin embargo, después de que todos los hermanos y hermanas fueron vacunados y recibieron su segunda dosis, se produjo una reunión familiar el domingo pasado.

Cipriano Galván, de 83 años, dijo un día antes de que una hermana terminara en el hospital, pero Cipriano confirmó que estaba bien y que él y sus hermanos pudieron verla a través del video. Cipriano recibió su segunda dosis de vacuna el 12 de marzo y dijo que aunque todos los hermanos habían recibido su segunda dosis, todos se mantenían a una distancia segura entre sí.

“Usamos nuestros cubrebocas la mayor parte del tiempo, por supuesto que cuando comíamos nos quitamos la máscara, pero tratamos de saludarnos”, dijo.

La familia Galván con suegros es de 800 a 900 personas y la última vez que la mayoría de ellos se reunieron fue para un funeral familiar.

“Es importante no perder la conexión con la familia, incluso para tratar de que siga funcionando a través del teléfono, pero al mismo tiempo tener cuidado. Todos recibimos nuestras vacunas, pero aún mantenemos la distancia y saludamos con los codos o sacudimos los nudillos”, dijo Cipriano.

Laura Kristina Galván, sobrina de Cipriano, pensó en planificar la fiesta una semana antes de que sucediera. Laura dijo que se le ocurrió tan pronto como todas las tías y tíos se vacunaron oficialmente. Ella pensó que era hora de reunir a todos.

“No se habían visto en más de un año y estaban muy emocionados. Le envié un mensaje de texto a un hermano de cada tío y tía para ver si se sentían cómodos y dijeron que sí y así es como procedimos”, dijo Laura.

“Se reían mucho y querían abrazarse y besarse, pero nos abstuvimos de eso. Estaban agradecidos de verse. Somos una familia muy grande y el año pasado tuvimos que cancelar nuestra reunión familiar”, dijo.

La madre de Julie Guerra-Ramírez, Juanita Galván Guerra, de 85 años, era uno de los hermanos que no había visto a sus hermanos en mucho tiempo. Guerra dijo que su prima Laura fue la principal que pensó en juntar a los padres y no podía estar más de acuerdo con la idea.

La fiesta originalmente iba a ser una sorpresa, pero Guerra-Ramírez dijo que fue tachada como una opción para no darle a nadie un infarto por la impresión.

Particularmente para ella, fue más emotivo porque Guerra-Ramírez había perdido recientemente a un ser querido.

“Sus rostros lo decían todo. Comenzaron a hablar de cuando eran jóvenes. Mis abuelos criaron una familia de diez; fue reconfortante”, expresó.

ecavazos@valleystar.com