Toda una vida

Por Aurora Orozco
El Nuevo Heraldo

BROWNSVILLE — Sentado en una silla afuera de su casa en el vecindario Linda Vista en Brownsville, don Pablo Paz ve llegar a cada uno de sus familiares, entre hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, que llegan para desearle feliz cumpleaños número 101.

Con poco más de un siglo de vida, Paz intenta reconocer a cada uno de ellos, en ocasiones alguien le recuerda el nombre de un nieto o bisnieto al oído, el cual ha ido perdiendo poco a poco. Por lo demás, luce muy buena salud.

La imagen de ahora es muy distinta a la que vio Paz cuando cruzó la frontera de bracero, como se les conoce a los migrantes que llegaban a Estados Unidos a trabajar en el campo. En ese momento fue contratado por una empresa en la ciudad de Monterrey, con una visa de trabajo.

De acuerdo a su testimonio, Paz fue uno de los 4.5 millones de jóvenes mexicanos que participaron en el Programa Bracero, el cual funcionó entre 1942 y 1964.

El programa fue un acuerdo binacional que pretendía abastecer de trabajadores agrícolas a los campos de cultivo y granjas estadounidenses.

En principio fue para sustituir a los hombres que combatían en la Segunda Guerra Mundial.

Pero luego el gobierno de EEUU lo estableció como una estrategia de apoyo para los productores de su país.

Por su parte, el gobierno mexicano retenía parte de su sueldo como fondo de ahorro. Sin embargo, ese dinero nunca se les regresó a esos trabajadores, y pese a los intentos que han hecho por recuperarlo, la mayoría ha muerto sin haberlo obtenido.

Paz fue uno de ellos.

“No hay manera de recuperarlo porque no tiene ningún documento que lo compruebe”, dijo Guizarro.

Tras expirar su visa de trabajo, Paz y su esposa Isabel, quien tiene 99 años de edad, llegaron como inmigrantes indocumentados a la ciudad de Harlingen y estuvieron entre las familias que caminaban al norte, y permanecieron en tiendas de campaña a lo largo de Ed Carey Drive.

Hace ya casi 40 años, el Valle del Río Grande fue el trayecto del primer éxodo en masa de inmigrantes centroamericanos al entrar en Estados Unidos, y ahí

estuvo el matrimonio Paz.

“En una redada de oficiales de Migración, mi madre, que estaba embarazada, fue deportada, y mi padre logró quedarse luego que se escondió de los oficiales”, dijo Irma Guizarro, una de sus hijas. “Siempre nos cuentan sus historias”.

Nacido en Linares, Nuevo León, Paz decide emigrar a la ciudad de Matamoros con su esposa Isabel y sus hijos aprovechando al auge del algodón, donde comienza a trabajar.

Alrededor del año 1968, se aventura a cruzar la frontera hacia Brownsville, donde trabajó en una hielera. Y buscando una mejor vida para él y su familia, llega hasta la ciudad de Houston donde consigue trabajo en la construcción y después en una refinería, donde logra jubilarse y regresar al Valle. El matrimonio tuvo 14 hijos.

La tarde del jueves, Paz y su esposa hicieron a un lado todos esos años de intensa lucha, y disfrutaron al ritmo de mariachi de una pequeña fiesta rodeados de su extensa familia.